jueves, 7 de marzo de 2013

Desmontes: contra los pueblos originarios y los trabajadores golondrinas




Por Natalia Morales y Joaquín Ramírez

“Los integrantes de la comunidad kolla El Arazay sufrimos atropellos y amenazas. La única manera de poder parar esto fue a través de la organización y de salir a la ruta”. Eloy, trabajador golondrina y referente de su comunidad, relata el enfrentamiento de los integrantes de pueblos originarios en el norte de Salta con la empresa maderera Argencampo S.A que busca apropiarse de sus territorios. “Empezamos a advertirles que ya no entren a nuestras tierras, que no saqueen nuestros recursos. Somos aborígenes y esta gente nos discriminaba”. Esta es la situación conflictiva de los territorios de los que provienen muchos trabajadores golondrinas del norte argentino.
La propiedad de la tierra es un problema histórico en la región. Sus pobladores vieron perjudicados sus sistemas productivos agrícolas - ganaderos y fueron obligados a abandonarlos a medida que se fue desarrollando el capitalismo en todo el noroeste a través de los enclaves azucareros. A comienzos del siglo XX estas tierras fueron arrendadas por Robustiano Patrón Costas, emblema de la oligarquía, que exigía a los pobladores el pago del alquiler de las tierras que habitaban y trabajaban. Así, el avance del capitalismo sobre estos campos significó una mayor proletarización de la población rural campesina. “Se van todos los jóvenes”, nos dice Maru, un joven que participó de los piquetes contra la empresa Argencampo. Los integrantes de los pueblos originarios son hoy obreros y obreras y han ido poblando, en los últimos años, las obras de construcción, los empleos domésticos, y el trabajo agrario en todo el país. Son sus hermanos de sangre, de etnia y de clase, quienes se ponen al frente de la resistencia al indiscriminado avance de la frontera agrícola - minera.
 
El kirchnerismo de represión, bala y topadora
 
El gobernador kirchnerista Urtubey, es responsable de que Salta sea una de las provincias con mayores hectáreas desmontadas en estos últimos 5 años, destinadas principalmente al monocultivo de la soja y a la extracción feroz del monte.  Aquí también reina el doble discurso K: la limitada Ley de Bosques Nativos no sólo no frenó los desmontes, sino que se convirtió en una fuente de corrupción y negociados entre las grandes empresas y sus socios políticos locales. Los títulos comunitarios no son entregados a los pueblos originarios más allá de la propaganda por cadena nacional. “El intendente de Los Toldos actuó en contra de nosotros, es familiar de Ramírez, un terrateniente local que se decía administrador de Argencampo. Le ponía dinero para que pueda sacar toda la madera. La policía actuaba a favor de la empresa. Son 20 los hermanos imputados”. El kirchnerismo lleva en sus listas a oligarcas como la diputada provincial Milagros Patrón Costas, presidenta de la Sociedad Rural salteña y bisnieta del mencionado Robustiano.
 
Una alianza a la altura del enemigo
 
La bronca se multiplica ante la persecución, represión y asesinatos de los Qom en la Formosa K, a los campesinos en Santiago del Estero y a los asambleistas contra la minería a cielo abierto. Los planes de extensión de las fronteras agrarias y el saqueo minero por parte del gobierno nacional y de los socios provinciales es un denominador común en el norte argentino. Para frenar este avance capitalista es fundamental responder con una alianza que esté a la altura. Es necesario avanzar en la lucha en común contra el poder político y las grandes empresas y esto no puede quedar en manos tan solo de las comunidades. Es necesario que pueblos originarios y campesinos se desprendan de sus dirigencias burocráticas y se planteen la independencia política del Estado y los partidos patronales, para empezar a soldar la unidad estratégica con la clase trabajadora de las ciudades y el campo en un pliego de reivindicaciones comunes que les permita vencer. Un partido de trabajadores que luche por la independencia de clase debe tomar esta lucha en sus manos y unirse a sus hermanos de clase que resisten en el norte y sufren la superexplotación en todo el país.