miércoles, 6 de febrero de 2013

Golondrinas en vuelo. Relatos de los obreros rurales del norte argentino (1° parte)



Por Natalia Morales y Joaquín Ramírez

En este comienzo del 2013, La Verdad Obrera recorrió el norte de Salta. “Los Toldos” queda a 400 km de la capital, en el límite con Bolivia, bordeando la selva de las Yungas.
Salta “la linda” es una de las provincias más pobres del país. Ni siquiera hay un camino a Los Toldos: o entrás por Bolivia o lo haces caminando dos días desde Argentina. Los índices dicen que aquí“hay un 45% de necesidades básicas insatisfechas (NBI)”. La miseria es más fuerte en las calles. “No es tierra de posibilidades”. Los trabajos son escasos y muy precarios. Como cuenta Pedro, en el paraje Lipeo. “No hay nada. Para comer no seria tanto, vos tenés papa o maíz. Pero este lugar te obliga a salir a trabajar a otro lado”. Eloy presidente de la comunidad aborigen de El Arazay agrega “adelantás trabajo laburando mucho allá en Mendoza o Río Negro porque acá no hay nada”.  Para Santos “es la misma Municipalidad el ejemplo de pagar mal y poco. Te pagan 60 o 70 pesos al día por trabajar como changarín, además te pagan mal, tarde y a veces no logras cobrar todo”.
Entonces los jóvenes de Los Toldos tienen que formar parte inevitablemente del más de medio millón de trabajadores golondrinas que migran de una cosecha a otra, en distintas provincias.
Desde Jujuy, Salta, Tucumán y Santiago del Estero estos obreros alzan vuelo. La pobreza del norte los expulsa. Se suman trabajadores de Bolivia,  Perú y Paraguay. Familias enteras se movilizan a las provincias “ricas”, Mendoza, Río Negro o Córdoba, para trabajar en campos que son de otros. La  impunidad de las patronales agrarias hace que del millón y medio de los obreros rurales, la mitad esté en negro. Y los golondrinas e inmigrantes son los más perjudicados. Muchas veces sometidos a situaciones de esclavitud y trata de personas, en que los cuadrilleros y las empresas tercerizadas son parte de las redes. Otras veces, luego del ingreso, policías o grupos organizados por las patronales les impiden salir de las fincas. Eloy recuerda: “nosotros la primera vuelta que estuvimos en esa situación nos pudimos escapar. El patrón nos quería pegar, nos cruzaba en la calle gritando ‘¡porque se van si yo los traje!’ ”.


Todo el día corriendo


Mientras reina la esclavitud laboral, las patronales agrarias gozan de los más altos niveles de rentabilidad. Mendoza es el principal productor nacional de uva, ajo, ciruelas y duraznos y Río Negro de manzanas y peras. Ambas provincias exportan más de un billón de dólares en producción primaria. (INDEC. 2011)
Los jóvenes trabajadores golondrina encuentran trabajos donde te pagan “por tanto”. El viejo trabajo “a destajo” persiste en el campo. En el ajo, cuenta Patricio, son diez horas agachado: “es la única posibilidad de ganar algo que valga la pena tanto esfuerzo”. Deslomándose sin horarios, lo que el cuerpo resista, llegan a un ingreso superior al que conseguirían en sus tierras de pobreza. Pero es duro. Herminda lo sabe porque en las fincas de uva: “cosechás, corrés lejos hasta el camión, te subís a la escalera tirás la uva y tenés que bajar por otro lado porque viene el otro corriendo. Todo el día corriendo”. “Te caés y es un desastre – agrega Eloy – todo manchado con arena pegada; pero tenés que levantarte rápido y seguir porque sino no llegás”.
Muchas veces los patrones obligan a los obreros a trabajar en cuadrillas con lo cual si uno no rinde pierde todo el grupo, una presión aún mayor sobre la espalda. El Ingenio La Esperanza, en Jujuy, se nutre de trabajo golondrina. El trabajador mismo tiene que subcontratar a más trabajadores, “los cuartas”. Suelen ser los familiares quienes ayudan a llegar a una cantidad que cubra las necesidades de supervivencia del hogar. El trabajo “por tanto” implica muchas veces el trabajo infantil. El sector rural tiene un 35.5% de trabajo infantil entre 14 y 17 años, y Mendoza es la provincia con el porcentaje más alto (28,8 %). En plantaciones como el arándano los patrones prefieren descaradamente el trabajo infantil porque pueden extraer con mayor delicadeza este fruto frágil.


Esas “particularidades de la actividad”


Las jornadas laborales pueden extenderse a más de 12 horas. “Nos levantamos a las 5 de la mañana a preparar comida porque en el medio del campo no hay nada. Después viene el transporte en camión hasta el lugar del trabajo. Y después a hacer fila para bañarte porque los baños son muy pocos, o bañarte en acequias”  dice Eloy, que trabajó desde los 7 años junto a su padre para rendir a una empresa forestal de la zona.
Todo esto ocurre en los campos argentinos después de casi 10 años de gobierno kirchnerista. Los capitalistas del campo y la agroindustria ganan millones; cientos de miles de trabajadores son explotados como hace décadas. La “reforma del régimen de trabajo agrario” K mantiene vigentes muchas de las prácticas impuestas por los dueños de la tierra, con la excusa de “las particularidades de la actividad”. La de Eloy, la de Walter, la de Herminia, y cada una de las voces de estos trabajadores rurales, son un duro golpe al doble discurso de este gobierno.
En próximos números de La Verdad Obrera seguiremos reflejando las condiciones de vida y las luchas de estos hermanos de clase, los trabajadores golondrinas.