jueves, 21 de febrero de 2013

Los caminos de Sandalio

por Natalia Morales


El pueblo de Los Toldos nos hizo recordar a las campiñas chapacas de Tarija. Casas sencillas de pared de adobe  y techo con tejas de estilo español. Patios cargados de plantas. Arboles que proporcionan buena sombra. Viejos pircados de piedras. Pequeños puentes cortando los variados arroyos de agua cristalina. Faroles pintorescos. Calles de tierra.
Rodeada de una multitud de cerros verdes. Montañas de fondo, dan muestra de la cercanía de cordillera oriental que separa las yungas de los pastizales de altura y así de paisajes más áridos. El clima de verano nos resultó completamente agradable. El cielo de noche nos acaparó sin permiso varios minutos de nuestra contemplación de tantas estrellas que cargaba.
La mayoría de los habitantes nos recibió con bastante amabilidad. Con solo caminar por las calles y cruzarnos con niños o adultos recibíamos un “buen día” o “buenas tardes” que nos arrancaba una sonrisa. Al ser extraños en un pueblo donde todos se conocen ayudaba al dialogo comentar el objetivo de nuestro viaje  o simplemente mencionar que conocíamos a una familia y teníamos unos viejos amigos entre los vecinos.
Recientemente algunas calles del pueblo fueron adoquinadas. Así la única calle que recorre todo el pueblo fue parte de las afortunadas seleccionadas para tal fin aunque solo en un tramo y fue  promocionada como obra concretada por tres años consecutivos por la intendencia. También es reciente el nombre de algunas de ellas. Así la principal se llama Avenida José Luis Ramirez, la calle de la iglesia tiene nombre de un cura y existe otra con el nombre de un ingeniero: Laguens. Sin embargo, la calle que disparó nuestra atención fue la que partiendo desde Ramirez hacia el oeste te lleva a la Reserva Natural El Nogalar y desde ahí al pueblo coya de Santa Victoria Oeste. Calle Sandalio Quispe.

¿Quién fue Sandalio? Fue la pregunta más reiterada por varios días. Almaceneros, jóvenes secundarios, Dora de las empanadas, Olga del hospedaje, Mandy, Sandra o  Fernando no se salvaron del interrogatorio. Ninguno pasó la prueba. Aunque si proporcionaron datos para llegar hasta él. A varios le quedó picando el interrogante y seguro que ahora no se van a olvidar del mismo. La búsqueda no fue fácil y nos llevó hacia Ariel, docente y compañero de Olga y al viejo Pablo Cirilo, quién fuera encargado de recibir la correspondencia en Los Toldos en la misma época que Sandalio.
Sandalio fue el primer cartero. Encargado de llevar y traer los escritos, postales e información entre Santa Victoria Oeste y Los Toldos. Ariel nos dice que al principio lo hizo “de pura voluntad” mientras venía para estos lugares a intercambiar chalona por otros productos necesarios a mediados de los años 50. Originario de allá. Pablo termina revalorando el papel desempeñado por Sandalio. Caminaba más de dos días junto a burros y caballos. Así terminó nuestro interrogante. Sabíamos ahora parte de la vida de este hombre quien trabajó de comunicador en estos lugares remotos y quién, a diferencia de miles de calles con nombres de militares, conquistadores y genocidas, se lo recuerda en una de ellas. La que recorrió a pie hace más de cincuenta años. Sandalio es un prócer del pueblo, por eso su calle.
Pero no es el fin de este escrito. Hoy en Los Toldos, en pleno siglo XXI, la comunicación sigue siendo una de las mayores complicaciones, sobre todo para la mayoría de las familias trabajadoras pobres de estos lugares.  No se ha dignado ningún gobierno, incluyendo al actual kirchnerista, a construir una ruta en la zona que comunique a estos pueblos entre sí o con la ciudad principal más cercana, Orán. Para llegar a Los Toldos sobre ruedas hay que ir a Bolivia agarrar una ruta que bordea el Bermejo y luego un camino de piedras grandes y derrumbes. Más de 5 horas desde Orán para 150 km si logras realizar las combinaciones necesarias de manera coordinada y con el dinero suficiente. A partir de Los Toldos los caminos hacia el resto de los pueblos son intransitables sobre todo en época de lluvia. Prácticamente no existen autos porque se destrozarían en esos caminos. Los pobladores caminan 5 horas para realizar 25 km entre Lipeo y Los Toldos o deben contratar algún particular en moto cuyo viaje cuesta $150. Repito, para 25 km. Organizarse con otros pobladores para contratar una camioneta particular que lo llevaría en su caja a sólo $600. O esperar la ida del camión o tractor del municipio para ser cargados apretados con su mercadería, como si fueran animales,  en una hora o dos de viaje.
Clemencia de Lipeo nos cuenta que sus hijos para ir a la escuela secundaria en Lipeo tenían que caminar horas entre idas y vueltas. Era mucho sacrificio para ellos. Los albergues no son suficientes. No hay transporte público. Hicimos varias notas a los distintos intendentes y nadie nos respondió, nos cuenta enojada.
La desidia del estado no perdona a las familias pobres del campo. Presiona y aprieta por todas partes. No perdona. Hay que sobrevivir en estos lugares donde los medios de comunicación y transporte se suman a la lista de salud, educación y trabajo insuficientes para las necesidades que existen. La expulsión inevitable para los jóvenes que quieren vivir un poco mejor. La realidad muy dura cuando llegan a los lugares de trabajo fuera de sus pagos.