jueves, 21 de febrero de 2013

Golondrinas en vuelo. Relatos de los obreros rurales del norte argentino (2° parte)*


por Natalia Morales y Joaquín Ramírez

 El hotel y complejo termal Medano Blanco costó $ 20 millones. El “Momo” gastó 4000 dólares semanales para volar hasta allí a controlar las obras. “Desde que este Secretariado se hizo cargo del gremio hemos puesto mucho énfasis para que el trabajador se tomara el descanso que corresponde”, dice Gerónimo “Momo” Venegas, titular del Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE).
El sindicato paga $ 8 millones anuales a la empresa tercerizada GREGARD SA para “fiscalizar el trabajo no registrado”, pero la mayoría de sus “representados” están en negro y precarizados. ¿Quiénes podrán descansar en esos lujosos hoteles si no hay descanso, ni vacaciones, ni derechos para llegar a fin de mes?
Mientras los trabajadores no paran de correr para sacar algo de dinero, al Momo se le pegan los hobby’s de los patrones rurales. Entonces corre en camionetas 4x4. “A nivel nacional hay una competencia trial, que se hace con camionetas Willys o IKA. Salí tres veces campeón”, comenta, y agrega que el excéntrico pasatiempo lo “ayuda a sacarse al Gobierno de la cabeza”.
Los obreros y las obreras de los campos no gozan de tales beneficios.

Tirados

“Te tiran todo en el suelo en un galpón donde tenés que dormir en medio de los cajones, y llevarte tu colchón”, dice Eloy, desde el norte de la provincia de Salta, contando el lugar donde le tocó dormir en Mendoza siendo trabajador golondrina. “El patrón nos muestra la pieza y era un solo galpón grande. Tenían los duraznos ahí, un olor terrible con la gente trabajando en el lugar y nosotros con todas las cosas tiradas”. Cuenta que después “se escapó” y encontró “un patrón mejor”. En este caso “no tenía baño, no tenía agua, había que sacarla de un pozo. Por baño había una letrina arruinada, y había que ir al campo. Nos teníamos que bañar en el canal de riego nomás”. “A lo sumo podés dividir piecitas separando con sábanas” agrega Sandra.
Estas son algunas de las condiciones de vivienda e higiene en las que viven decenas de miles de trabajadores que desde el norte argentino buscan trabajo en provincias ricas. Así los patrones muestran su desprecio a la vida obrera.
Walter tiene 18 años y empezó a trabajar a los 13 también migrando. En su caso “el baño estaba compartido entre 40”. “Muchas veces directamente hemos tenido que llevar carpas y quedarnos dos meses así porque no había forma de dormir donde nos ofrecían” nos relata Sandra. En muchos casos la noche se pasa debajo de coberturas armadas de plástico sobre la tierra. “Tenemos que comprar todo allá, los colchones, cacerolas” dice Herminda. Así ven como una parte de sus magros salarios se van en las condiciones que tiene que proporcionar el patrón. Incluso lo dice la ley. Se suma a extenuantes jornadas laborales, mal pagas, como denunciaron los trabajadores en el anterior número de La Verdad Obrera.

Tensando músculos

A pesar de la extensión del trabajo en negro, la superexplotación y hasta la trata de personas, UATRE no ha hecho un solo paro, ni siquiera una movilización. La mayoría de los trabajadores de la zona no conoce de la existencia del sindicato. A pesar de esto, los golondrinas se rebelan contra la explotación. “En noviembre hicimos un paro. Logramos un aumento. Entre todos, no quedaba otra. Fue para pedir el aumento del precio de la cargada de ajo por camión. El patrón te pagaba 150 pesos y exigimos 200. Nos dijo que si no nos gustaba nos fuéramos. Nos fuimos todos. Nos alcanzó en la camioneta aceptando nuestro reclamo, pidiendo que volviéramos” nos cuenta Patricio, salteño en Mendoza. También pararon en solidaridad con otra cuadrilla, “los compañeros pedían que se les aumente el precio de la cargada de ajo y nosotros que se nos aumentara la aperchada del ajo”.
Después de esas rebeliones aisladas algunos empiezan a ver cómo organizarse. Patricio dice: “la verdad que en el caso de los trabajadores temporarios o ‘golondrinas’, tendría que haber un sindicato en cada provincia con leyes que lo avalen. Hoy por estar al frente o hablar por los demás sos despedido”.
Porque la persecución de los empresarios rurales también recorre los campos. Uno de los más emblemáticos es el caso de Daniel Solano. Este joven, nativo de una comunidad originaria de Tartagal (Salta) fue desaparecido por la policía por organizar un paro contra una multinacional del campo [1]. La reacción patronal puede ser brutal, pero la fuerza obrera empieza a tensar sus músculos y da respuestas. Luchas como las del ajo en Mendoza, que puso en pie el Sindicato de los Trabajadores del Ajo. O el ánimo de combate que contagia el despertar de los ingenios azucareros en el norte argentino.
La clase obrera empieza a encontrar el camino de la organización y la lucha en los campos. Su unidad con los trabajadores de la industria se torna fundamental para lograr una alianza histórica para enfrentar a los capitalistas.  
1- http://golondrinasenvuelo.blogspot.com.ar/2012/12/daniel-solano-bandera-de-lucha.html